El fantasma de la corrupción merodea los principales estamentos del Estado

El fantasma de la corrupción merodea los principales estamentos del Estado

Por Miguel Guerrero Perez

 

Si el presidente Luis Abinader hubiera sido tan permisivo como los gobernantes peledeistas Leonel Fernández y Danilo Medina, una parte importante del PRM hubiera saqueado al país a niveles insospechados.

A pesar de las advertencias y las acciones emprendidas por la actual administración las “indelicadezas” no paran.

No ha importado que tanto la procuradora Miriam Germán como la procuradora adjunta Yeni Berenice y el titular de la Pepca, Wilson Camacho, hayan emprendido una cruzada de persecución a la corrupción.

El fantasma de la corrupción merodea los principales estamentos del Estado tales como las cortes de justicia, los ministerios y direcciones estatales así como el congreso nacional.

Combatir este cancer genera disgustos entre colaboradores cuyos méritos en campaña fueron indiscutibles. Asimismo se corre el riesgo de quedar sin el soporte político necesario pues son tantos que pueden generar una crisis.

La corrupción se disfraza de tantas formas y abarca tantas personas en diferentes estamentos que aparentemente hay que dejar pasar algunos casos.

Si bien hay algunas normas que se están llevando a cabo para reducir este mal que nos agobia, los corruptos siempre encuentran vías de violarlas.

Debe ser difícil para un gobernante que en campaña y después de asumir el poder ha enarbolado la lucha contra la corrupción ver como muchos de los suyos actúan de espalda a esos preceptos.

Hemos avanzado algunos peldaños que en ocasiones parecen retroceder cuando los esfuerzos se traducen en impunidad, una impunidad que encuentra tanto eco y es tan poderosamente justificada que da la impresión de ser un monstruo invencible.

Da pena escuchar como muchos pregonan por regresar a los que desde el poder promovieron la corrupción aunque propugnaban por leyes que no aplicaban para su combate. Una especie de hacer la ley y la trama.

Asimismo es contradictorio que muchas autoridades son elegidas a pesar de tener un largo historial de corrupción, de ser violadores de preceptos éticos y de un claro enriquecimiento sin justificación.

La corrupción llega a las cárceles, hospitales, instituciones autónomas, gremios, periodistas y comunicadores, en fin es difícil establecer donde no llegan esos tentáculos.

Las instituciones creadas para combatir la corrupción también están infectadas de este mal. La policía es un asco, tuvimos un procurador encabezando una red de malhechores y hay jueces muy cuestionados.

Ante un panorama tan tétrico, ¿qué puede hacer un presidente interesado en combatir este flagelo social ?: sucumbir, amainar sus esfuerzos, mostrarse indiferente o seguir con firmeza aunque ello le traiga mal querencias con los suyos y en amplio círculo que se beneficia de la misma

Lo que promete ser uno de sus mayores legados es también para el presidente Abinader uno de sus grandes escollos.

Share

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.